El origen de la parcela, al igual que otras muchas de la zona, fue el de viviendas de labor, alojando construcciones para la elaboración de vinos y aceites. Para ello se construyeron pequeñas bodegas que con el transcurrir del tiempo fueron creciendo con la agregación de otras parcelas colindantes, pero que a su vez ocasionaba gran irregularidad en el trazado y diversas alturas entre medianeras.
El edificio quedó configurado por un cuerpo longitudinal que se va plegando, tensando, estrechando y retorciendo para adaptarse a las múltiples irregularidades de la parcela, y conformando por tanto multitud de patios de diversos tamaños, con usos comunitarios y privados.
Mediante el concepto de “fachada flexible” se posibilitó modificar la situación de los huecos conforme a las necesidades de uso. Manteniendo cuatro tipos únicos de huecos, los estatutos de la comunidad de vecinos permiten que puedan abrirse nuevos huecos y cerrarse antiguos, siempre que se abran a patios interiores y nunca a la fachada principal, según los intereses de los inquilinos.
Esta posibilidad de transformación a lo largo del tiempo ayudará a absorver y dinamizar la venta y transformación interior de las viviendas, sin perjudicar la imagen de la comunidad.
Ante las pobres condiciones arquitectónicas de la calle, se creó una serie de patios interiores, comunes y privativos, públicos y privados que permiten iluminar y ventilar la totalidad de las viviendas. Se crearon así mismo terrazas y patios a distintos niveles, sin perder por ello la unidad del conjunto.
Se dispusieron parterres y arriates con largos rebates para el descanso con los que facilitar el uso y disfrute de los patios, a la vez que se creaban los límites de separación con las terrazas privadas.

