Pequeño núcleo de población de carácter rural –aunque con presupuestos de rotunda modernidad- que serviría de alojamiento a los trabajadores de la Central Térmica que la compañía Eneco había encargado también a Moreno Barberá.

La clásica ordenación que iban siguiendo los poblados de colonización de congregar en su epicentro los equipamientos y la plaza urbana representativa es aquí desechada por el arquitecto para hacer motivo de referencia el uso de zonas verdes y deportivas. Por supuesto, en el poblado no van a faltar la iglesia, la escuela y el mercado, pero la traducción a la modernidad la establece Fernando Moreno con la valoración de los usos del ocio, que los coloca en el corazón de la ordenación, llevándose a las tangencias extremas las funciones más “utilitarias”, especialmente el grupo escolar y el supermercado y, entremedias, la iglesia, dotando así de más sentido a la periferia.

La situación del caserío evita la posible influencia de los vientos dominantes con respecto a la Central, de la que se aleja sin perderla de vista. Un par de ejes, cada uno en cota horizontal paralela a la vaguada del pantano, ordena la configuración del poblado y lo relaciona con el lugar de trabajo. Entre ambos y según unas calles en descenso hacia la presencial vista del pantano, recurso paisajístico además de productivo, se sitúan la mayoría de las viviendas unifamiliares y la zona verde con las pistas de deportes.

Como una pequeña ciudad jerarquizada, varias tipologías tienen cabida en su elemental recinto, en respuesta paralela a los distintos niveles laborales. A la izquierda del eje principal, el más alto de cota y más próximo al acceso del conjunto, se sitúan dos bloques lineales de viviendas para trabajadores con tres plantas de altura, presentando la fachada un aspecto urbano con tensas líneas horizontales de terrazas corridas, donde el hormigón, el ladrillo, el metal y el vidrio son los protagonistas materiales. Materialidad dominante en todo el poblado y aprendida de los enclaves similares europeos. Con fachada al norte y al sur, la vivienda tipo se divide preclaramente en noche y día, siendo el estar-comedor de paso.

Las viviendas de los técnicos medios se plantean como unifamiliares adosadas de una sola planta, abancalándose para adaptarse a la pendiente del terreno. La tipología cobra un interés especial por las alternativas que sugiere con la continuidad de las cubiertas pero el aislamiento de la vivienda, dejando un porche que conecta las partes anterior y posterior de las parcelas. Los mandos superiores gozan de viviendas aisladas de mayor tamaño en una situación próxima al pantano. Desdobladas en dos claras zonas de día y de noche, un vestíbulo de doble registro al exterior articula y relaciona las zonas, y éstas con el jardín.

El Grupo Escolar cuenta con aulas cuya iluminación y ventilación quedan cruzadas en caras opuestas y se duplican con aulas abieras al aire y al jardín. El Supermercado cobra un claro aire de almacén industria.; Y la Iglesia, prudente en su volumetría, rompe su simetría con la ubicación de la “espadaña”, un muro de hormigón perforado por una cruz que se coloca perpendicular a la fachada  y de canto a la vista frontal. El atrio se simplifica con una losa horizontal que se muestra exenta y enmarcada, permitiendo ver el paisaje del fondo a ambos laterales de la nave. Ésta, de sección rectangular apaisada, presenta un lucernario sobre el presbiterio. Tras el retablo, la sacristía.

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Autor/es

Fernando Moreno Barberá

Fecha de proyecto

1963

Fuente

Francisco Daroca Bruño